Del Plan Estrategia a la Estrategia Viva
Tradicionalmente, la estrategia se concebía como un plan racional, diseñado desde la cúpula directiva y comunicado de forma descendente. Sin embargo, actualmente la complejidad y el entorno extremo hacen que la estrategia que proviene de un plan no se pueda usar, es una Estrategia Muerta que queda guardada.
Para este tipo de entornos turbulentos necesitamos una estrategia que se mantenga vigente, una Estrategia Viva que funciones como un ser vivo que la definimos como
“Un conjunto dinámico de apuestas para lograr la Visión con el Posicionamiento deseado”
Para desarrollar este tipo de estrategia necesitamos tener los modelos mentales adecuados y trabajar con grupos autogestionados y lograr Conversaciones Estratégicas casi permanentes. La estrategia se forma a través de Conversaciones.
La conversación como apertura a la complejidad
Edgar Morin (1990) propone que pensar de manera compleja implica integrar lo diverso, aceptar la incertidumbre y relacionar los saberes. La conversación estratégica responde a este principio, ya que genera un espacio donde las múltiples visiones conviven y se articulan.
De este modo, la conversación se transforma en un instrumento de pensamiento sistémico, donde cada interacción amplía el mapa cognitivo colectivo y mejora la capacidad de la organización para leer su entorno.
El diálogo como fuente de innovación
David Bohm (1996) planteó que el diálogo auténtico permite suspender los supuestos individuales y escuchar sin imponer. En el campo de la estrategia, esta práctica posibilita que emerjan nuevos niveles de comprensión y creatividad colectiva.
Las conversaciones genuinas —no las reuniones formales— son el terreno donde las ideas se transforman en hipótesis estratégicas y donde la organización se vuelve un sistema que aprende y se reinventa.
Transformación de los modelos mentales
Peter Senge (1990) sostuvo que los modelos mentales invisibles condicionan la acción organizacional. La conversación estratégica, al hacerlos explícitos y sometidos al contraste colectivo, permite desarrollar una conciencia estratégica más profunda.
Este proceso convierte la conversación en un espacio de aprendizaje doble bucle (Argyris y Schön), donde no solo se corrigen acciones, sino que se revisan las premisas que las originan.
La conversación estratégica hace fluir la Transdisciplina
La conversación estratégica facilita el surgimiento de un lenguaje común, propio de la organización y de su Estrategia Viva. En este espacio de dialógico colectivo, se logran fusionar las distintas perspectivas, saberes y conocimientos. De esta manera, es mediante la conversación estratégica que aprovechamos los beneficios de la transdisciplina como parte de la Estrategia Viva para tomar decisiones dinámicas. En un ecosistema de negocios, esta conversación también tiene que involucrar a todos los jugadores clave, siendo la integración de sus diversas perspectivas un requisito indispensable para una Estrategia Viva.
Coherencia dinámica y liderazgo distribuido
En contextos de cambio permanente, la conversación estratégica actúa como un mecanismo de coherencia dinámica: mantiene viva la conexión entre la visión y la acción, ajustando la estrategia de manera continua sin perder el propósito.
Además, descentraliza el liderazgo, promoviendo un modelo distribuido y colaborativo, donde la inteligencia colectiva reemplaza a la dirección jerárquica como motor de la acción estratégica
Conclusión
La conversación estratégica es el corazón del pensamiento estratégico vivo. No es un instrumento de comunicación, sino un proceso de co-creación de sentido, aprendizaje y adaptación. A través de ella, las organizaciones se transforman en sistemas que dialogan con su entorno, con sus miembros y consigo mismas.
“La estrategia no se impone, se conversa; porque solo a través del diálogo surge la visión compartida que da coherencia a la acción colectiva.”